Baja de tensión en el gimnasio: Causas, síntomas y cómo evitarlo

Baja de tensión en el gimnasio: Causas, síntomas y cómo evitarlo

Era un lunes por la mañana cuando Juan, un joven de 28 años, decidió que era hora de volver al gimnasio después de varios meses de inactividad. Se había prometido que este sería el comienzo de un nuevo capítulo en su vida, uno lleno de salud y disciplina. Se despertó temprano, se puso su ropa deportiva favorita y salió hacia el gimnasio con la energía de quien tiene grandes planes.

Al llegar, se sintió emocionado al ver las máquinas, las pesas y el ambiente lleno de personas sudando y esforzándose por mejorar. Decidido a no quedarse atrás, Juan comenzó su rutina con algo de cardio en la cinta de correr. Después de 20 minutos, se sintió bien y pasó a levantar pesas. Comenzó con unas series de press de banca, seguido de sentadillas y peso muerto.

El esfuerzo físico era intenso, pero Juan estaba concentrado, empujando su cuerpo al límite. Sin embargo, a medida que avanzaba en su rutina, empezó a notar que algo no andaba bien. Todo comenzó con una leve sensación de mareo, como si el suelo bajo sus pies estuviera inestable. "Debe ser el esfuerzo", pensó. Siguió adelante, ignorando la sensación.

Poco después, mientras levantaba una barra en su última serie de sentadillas, el mareo se intensificó. Su visión se nubló, sintió un sudor frío recorriendo su espalda, y de repente, el peso de la barra se sintió mucho más pesado. Soltó la barra con cuidado, pero al incorporarse sintió que sus piernas temblaban. Afortunadamente, logró sentarse antes de que sus piernas cedieran por completo.

“¿Qué me está pasando?”, se preguntó, asustado. Sentía que estaba a punto de desmayarse. Un entrenador del gimnasio, que había estado observando desde lejos, se acercó rápidamente.

— ¿Estás bien? —le preguntó el entrenador, con un tono de preocupación.

— Creo que... creo que tengo una bajada de tensión —respondió Juan, tratando de controlar su respiración.

El entrenador asintió y le ofreció una botella de agua con electrolitos.

— Tómate esto despacio, necesitas rehidratarte. ¿Has comido algo hoy?

Juan negó con la cabeza. Se había saltado el desayuno, pensando que entrenar en ayunas le ayudaría a quemar más grasa. El entrenador suspiró y le dio un pequeño plátano de su mochila.

— Es importante que comas algo antes de entrenar. Tu cuerpo necesita energía, especialmente cuando haces ejercicio intenso. Y también es vital que te mantengas hidratado, especialmente cuando sudas tanto. La falta de glucosa y la deshidratación pueden causar estas bajadas de tensión.

Juan, sintiéndose un poco mejor después de comer y beber, comenzó a entender la gravedad de la situación. Había subestimado la importancia de prepararse adecuadamente antes de hacer ejercicio.

— ¿Qué puedo hacer para evitar que esto me vuelva a pasar? —preguntó, preocupado.

El entrenador sonrió, viendo que Juan estaba dispuesto a aprender.

— Para empezar, asegúrate de hidratarte bien antes, durante y después de entrenar. No solo agua, también necesitas electrolitos. Puedes conseguirlos en bebidas deportivas o, mejor aún, en alimentos como bananas y naranjas. Antes de venir al gimnasio, come algo ligero, como una fruta, yogur con granola o un batido que contenga carbohidratos y proteínas. Si sientes que te falta energía, prueba con una pequeña dosis de cafeína, pero no exageres. Y por último, evita cambios bruscos de postura; si estás agachado, levántate despacio para darle tiempo a tu cuerpo a ajustar la presión arterial.

Juan escuchó con atención. Lo que había empezado como un simple entrenamiento se había convertido en una lección importante.

Los días siguientes, Juan siguió los consejos del entrenador. Se aseguraba de desayunar bien, incluía alimentos ricos en potasio y magnesio, como el plátano y las almendras, y tomaba un batido con proteína y carbohidratos antes de salir de casa. También llevaba una botella de agua con electrolitos y una pequeña bolsa de frutos secos para asegurarse de que su cuerpo tuviera lo necesario durante su rutina.

Con el tiempo, no solo se sintió más fuerte y con más energía, sino que también dejó de preocuparse por sufrir una bajada de tensión. Había aprendido a escuchar a su cuerpo y a darle lo que necesitaba para rendir al máximo.

Ahora, cada vez que veía a alguien nuevo en el gimnasio, especialmente si parecía estar empujando demasiado sin la preparación adecuada, se tomaba un momento para compartir su historia, esperando que otros no tuvieran que aprender la misma lección de la manera difícil.

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